¿Qué traemos al mundo?

¿Con qué frecuencia esperamos que el mundo nos dé algo que deseamos y si esto no viene lo culpamos por no ser justo con nosotros?

Este es uno de los principales temas con el que nos toca enfrentarnos en la vida. Nos sentimos con derecho a recibir ciertas cosas, tales como el dinero, la posición, el reconocimiento, etc. ¿Por qué? Por poner tanto esfuerzo para ganar «éxito» escogiendo la mejor educación, estresándonos, y finalmente trabajando más que viviendo. Luego, si lo que hemos definido como el éxito no viene, nos frustramos y desanimamos. Empezamos a señalar con el dedo a la personas que sentimos que son responsables por nuestro destino y perdemos la esperanza de que algo pueda cambiar.

Yo también estuve ahí. Mi frustración con el ritmo de la vida y su propia velocidad sagrada sacaban lo mejor de mí. Estuve tan ocupada con mis necesidades, mis «yo quiero» y carencias que no pude ver literalmente nada más. La rabia corría por mis venas como la lava caliente haciéndome aún más desconectada de mi misma y del mundo a mi alrededor.

Finalmente, un día me dí cuenta de que esta forma de ver las cosas no me llevaba a ningún lado y esta bonita frase vino a mi mente mientras estaba escribiendo en mi diario:

 

No se trata de lo que el mundo tiene para ti, sino de lo que tú traes al mundo.

 

¿Y si existe otra manera de vivir y manifestar nuestros sueños? ¿Qué pasaría si esto tuviera que ver más con nuestra vibración que con nuestros títulos, habilidades o entorno social?

Todo es energía y lo que enviamos al mundo, lo recibimos multiplicado. Hay aquellos que lo asocian con el karma, otros lo llaman justicia. A veces no vemos los resultados de nuestros procesos mentales hasta mucho más adelante en la vida y por eso nos cuesta encontrar el origen de una determinada situación. Sin embargo, la semilla ya la hemos sembrado, aunque sea de forma inconsciente.

Esto significa que si le regalamos una ducha de gratitud por nuestra vida presente, atraemos aún más abundancia. Si nuestras intenciones son puras y tomamos en cuenta a los demás cuando aspiramos a lograr algo, el universo colabora con nosotros y nos ayuda en nuestro camino. Desgraciadamente, esto se relaciona también con el hecho de que si nos frustramos y centramos en la escasez, obtenemos exactamente lo mismo: escasez.

Obviamente, el acto creativo de cualquier cosa conlleva bajarlo al plano material a través de una planificación efectiva, acción y perseverancia, pero la actitud adecuada es la clave.

 

Hoy ya sé que si existe alguien de quien puedo esperar algo, ese alguien soy solamente yo misma.

 

Hoy escojo estar agradecida.

Escojo confiar.

Escojo celebrar el mundo con mis dones por el puro placer de poder hacerlo.

Escojo ser responsable por la frecuencia de mis emociones, pensamientos y palabras.

Y me permito observar lo que aparece. 🙂

 

¿Y tú? ¿Cuál es tu receta para manifestar la realidad que deseas?

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